Los medios desconocen la Historia

Cesar Vidal ha explicado las raíces del anglicanismo en medio de la confusa visión transmitida por la mayoría de los medios españoles, demostrada con la reciente visita del Papa a tierras inglesas.

En una entrevista concedida a Protestante Digital explica los cambios que llevaron del cisma inicial a la posterior reforma interna en el seno de la Iglesia de Inglaterra. Entre los errores, ha señalado que el énfasis en las conversiones de anglicanos en católicos, un aspecto en el que la iglesia Anglicana «gana por goleada».

En la entrevista César Vidal, historiador y colaborador habitual de esta revista, explica cómo la Iglesia Anglicana no surge como un movimiento de Reforma, sino todo lo contrario. «Enrique VIII lo único a lo que se oponía es a que el Papa fuese a ser el cabeza de la Iglesia inglesa. Durante todo el tiempo en que fue rey mantuvo una actitud católica», algo que refrendó con una actitud de rechazo total a la Reforma de Lutero. «Enrique VIII cree en el catolicismo y abomina el protestantismo», explica César Vidal.

Como introducción aclara que la separación con la iglesia Católica se debió a tres motivos. Primero, que deseaba tener un heredero varón que no conseguía concebir con Catalina de Aragón «después de un siglo de guerras civiles» por el poder en Inglaterra. Por otra parte, quería romper su matrimonio con Catalina porque «tenía problemas de conciencia por quebrantar la ley levítica al casarse con la que había sido mujer de su hermano». Y además, «se enamora de Ana Bolena que teóricamente podía darle más hijos».

Por todo ello, Enrique VIII solicitó el divorcio al Papa, pero éste no se lo quiso conceder porque «Catalina era la tía de Carlos V, una pieza importante para poner en jaque a los protestantes en Alemania», explica Vidal (de hecho, otros reyes sí lograron del mismo papa que anulase su matrimonio). Así que «Enrique VIII llega a la conclusión de que la estabilidad del reino es mas importante que la amistad con el Papa», que lo excomulga. Luego se casa con Ana Bolena y se consuma el cisma, con el voto del Parlamento.

Vidal aclara, por tanto, que no es un cisma teológico. «No son actas de reforma protestante, porque Enrique VIII cree en el catolicismo y abomina del protestantismo». De hecho, los 10 artículos de fe que sostienen el armazón teológico de lo que sería la Iglesia Anglicana defienden «la celebración de la misa, el culto a las imágenes, la veneración de los santos, la doctrina de la transubstantación». Y poco después, en 1537, «hace una profesión de fe en la que se sostienen los siete sacramentos católicos».

El Parlamento castigará poco después con la hoguera negar «la transubstantación, el matrimonio a los sacerdotes, mantiene la devoción a la virgen y a los santos y prohíbe la lectura de la Biblia», explica Vidal. «Los protestantes son encarcelados o huyen al continente. En cambio los católicos están en una situación de relativa tolerancia porque creen lo mismo que Enrique VIII», a pesar de lo que a veces se ha dado a entender.

SURGE LA REFORMA
Pero por otra parte, el hecho de que Enrique VIII rompa con Roma supone el fin de la Inquisición. «Eso hace que de forma clandestina haya grupos» que saldrán a la luz cuando muere el rey y le sucede Eduardo VI, del que «sus dos protectores son reformados. En el 1552, un lustro después de la muerte de Enrique VIII, se produce una declaración de fe de claro carácter protestante», afirma Vidal. «Hasta 1553 cuando muere Eduardo VI hay una revolución espiritual, porque simplemente abren la Biblia para convertirse de una Iglesia cismática a una Iglesia mayoritariamente Reformada».

El movimiento de Reforma se fortalecerá luego gracias a la difusión de las Escrituras que había iniciado mucho antes Wycliffe y sus seguidores. «Todo este fermento, más la gente que había vuelto a las Escrituras, hace que se produzca un efecto reformador» mantiene Vidal.

La pronta muerte de Eduardo VI, sin embargo, supone un cambio. Lady Jane, que le sucede, sólo durará nueve días en el trono. Esta mujer, protestante, demostró un gran conocimiento de la Biblia en su proceso por el que la decapitaron. María Tudor, católica y «fanática» según Vidal, iniciará una persecución desde el trono e intentará regresar al catolicismo. Apodada «la sanguinaria» ejecutó a casi 300 protestantes durante su reinado. «Todo esto en unas circunstancias trágicas» que terminarían con el ascenso de Isabel I, que se afianza en el trono, lo que convierte la Reforma «en algo irreversible».