Teodoro de Beze, el coloquio de Poissy y el ecumenismo

Desde hace varios años he llegado a la conclusión de que es la profunda ignorancia de la Biblia y de la historia de los ministros evangélicos la que los lleva a la unión ecuménica con la Iglesia Católica. Pero esa ignorancia no era el factor común de la mayoría de los ministros evangélicos de siglos pasados, sino que ellos tenían bien claro que es imposible alguna unión de la iglesia evangélica con la pagana iglesia católica.

Por ejemplo, hacia el año 1561, durante el reinado de Carlos IX, el canciller Miguel L’Hospital convocó a católicos y evangélicos a la “reconciliación” y al “amor”. L’Hopital propuso la celebración de un coloquio en el cual católicos y protestantes presentarían sus puntos de vista y “estudiarían la manera de llegar a un acuerdo”, que permitiese a la nación vivir en paz.

Se reunieron en la pequeña población de Poissy, y L’Hopital abrió el debate con un discurso conciliatorio y cedió la palabra a Teodoro de Beze, quien se arrodilló y elevó una plegaria pidiendo a Dios que derramase su luz sobre la asamblea. En su magistral discurso adujo numerosos e irresistibles argumentos para demostrar que la iglesia de Roma no era la iglesia de Cristo. Expuso los puntos principales del credo reformado, extendiéndose en contra del dogma de la presencia real en los elementos de la eucaristía. Horrorizados por estas afirmaciones, los partidarios del papismo prorrumpieron en vociferaciones y clamores: ¡Está blasfemando! ¡Está blasfemando!

En seguida se levantó el cardenal de Lorena y defendió al catolicismo con gran habilidad y talento retórico. Cuando terminó, los cardenales y obispos lo rodearon para agradecerle el servicio que había prestado a la iglesia.

El famoso jesuita Láinez defendió el absolutismo papal, deplorando el error de haber aceptado conferenciar con los protestantes, lo que significaba poner en duda la infalibilidad de la iglesia y su autoridad suprema sobre las almas y conciencias.

Beze quiso contestar, pero siendo la hora ya muy avanzada se aplazó la discusión para el día siguiente. Durante varios días continuaron las conversaciones entre los representantes de los dos credos, pero sin llegar a ningún resultado práctico. Lo único que quedó demostrado es la imposibilidad de reconciliar el principio protestante del libre examen con el dogma católico de la autoridad. TODOS QUEDARON CONVENCIDOS DE QUE LA RECONCILIACIÓN ERA IMPOSIBLE.

Más acerca de la Reforma: http://historiayverdad.org/La-marcha-del-cristianismo-2-Juan-C-Varetto.pdf